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Por Qué el Arcángel Miguel no Maldijo a Satanás

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La mayoría de las personas nos preguntamos porque el Arcángel Miguel no maldijo a Satanás.

Nos cuestionamos acerca de los motivos que tuvo San Miguel para no destruir de una vez por todas a Lucifer y liberarnos de una vez por todas del mal.

El arcángel Miguel no maldijo a Satanás porque este también es una creación de Dios, el Arcángel Miguel no maldice ni castiga; bendice y perdona, él y Dios aman a Satanás, porque el amor de Dios es incondicional para todos sus hijos, sin importar lo que estos hagan.

San Miguel es consciente que todo cuanto existe es creación de Dios y todo, tarde o temprano regresará a Dios. Él es la fuente, Él es quien manifiesta y no comete errores.

Todo cuanto existe tiene una razón, un propósito. Los seres humanos no comprendemos realmente lo perfecta que es la creación de Dios porque pensamos que el mal y la imperfección están allá afuera, en lo externo.

Malentendemos lo que en verdad es Satanás, lo pensamos como una persona con terribles poderes.

En realidad, Lucifer es una fuerza que opera en la forma de emociones negativas como el miedo, la ansiedad, la ira y la desolación.

Trabaja en la forma de los malos hábitos que encadenan el alma al cuerpo y hacen que perjudiquemos nuestra salud física, mental y espiritual.

Este comportamiento en realidad nace del mal uso de nuestro libre albedrío, somos nosotros los que permitimos que la semilla de Satanás dentro de nosotros germine.

Recuerda que todo aquello que aparte tu mente de Dios es Satanás para ti.

El Verdadero Papel de Satanás en la Creación

Para saber el porqué San Miguel Arcángel no maldijo a Satanás es preciso comprender el papel que este tiene en la creación del universo.

Y este no es otro que la creación de la dualidad y la relatividad del mundo. Si toda la creación de Dios fuera maravillosa y todos disfrutáramos aquí ¿cuál seria entonces la necesidad de buscar y querer conocer a Dios?

¿Qué papel jugaría en nuestras vidas el Arcángel Miguel? ¿Acaso orarías?

Lo cierto es que Satanás existe como una fuerza opositora a la fuerza con la que Dios nos atrae. La contienda entre estas fuerzas nos permite a los seres humanos discernir y decidir el sentido que queremos dar a nuestra vida.

Dios y San Miguel Arcángel quieren que los elijamos a ellos por libre albedrío, no por imposición. Es por eso por lo que, a diario, somos puestos a prueba, todos los días la fuerza de Dios y la fuerza de Satanás pelean por nuestra atención, al final, somos nosotros los que decidimos.

Si Dios y el Arcángel Miguel quisieran, en un segundo destruirían a Satanás, pero este tiene un papel. ¿Al Dios ser perfecto, acaso habría creado a Satanás sin un propósito?

Es muy fácil pensar en maldecir, en destruir y en el conflicto en general, pero ¿de dónde vienen estos pensamientos? ¿de Dios o de Satanás?

Si tuviéramos la mente puesta sólo en Dios y en San Miguel, estaríamos pensando en bendiciones no en maldiciones, estaríamos pensando en perdonar y aprender.

Estaríamos pidiendo fortaleza y voluntad para vencer la influencia de Satanás. De igual forma, oraríamos para que los demás también encontrarán la misma fortaleza.

En última instancia, el golpe más duro y efectivo a Satanás es el que podemos dar nosotros, al tomar la decisión de no escucharle, dar la media vuelta y ver a San Miguel Arcángel y a Dios.

Creo que, si lo vemos de esta manera, nos es posible comprender de forma inmediata el porqué el Arcángel Miguel no maldijo y no maldice y tampoco destruye a Satanás.

Tan solo basta retirar nuestra mente de todo aquello que nos aleja de Dios y con facilidad vamos a percibir como trabaja la dualidad y la relatividad; con sencillez podremos poner nuestros ojos en Dios, y así, dedicar a Él y al arcángel Miguel nuestras actividades y pensamientos.